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14 enero, 2008 - 13:02 - EP3

Hasta siempre Don Ángel

Se ha muerto Ángel González, el poeta asturiano, el amigo en verso. El escritor de Otoños y otras luces, un genio que añoraremos, y como hablar de poesía es cosa de poetas, os dejamos unos versos suyos, un tributo, un recuerdo, un último minuto de Ángel.

Poema: OTRAS VECES

Quisiera estar en otra parte,
mejor en otra piel,
y averiguar si desde allí la vida,
por las ventanas de otros ojos,
se ve así de grotesca algunas tardes.

Me gustaría mucho conocer
el efecto abrasivo del tiempo en otras vísceras,
comprobar si el pasado
impregna los tejidos del mismo zumo acre,
si todos los recuerdos en todas las memorias
desprenden este olor
a fruta madura mustia y a jazmín podrido.

Desearía mirarme
con las pupilas duras de aquel que más me odia,
para que así el desprecio
destruya los despojos
de todo lo que nunca enterrará el olvido.

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Comentarios

Precioso artículo en El País hoy sobre él y sus amigos de Juan Cruz.
A veces puede el artista sobre la persona. Creo que no es el caso.
Besitos/azos.

Ayer, en el diario El País, venía una foto maravillosa de
Joaquín Sabina abrazando a Ángel González en uno de
tantos recitales que dieron juntos. Mano a mano. Como
los toreros. Una foto mágica y entrañable. El abrazo de
un hijo a su padre. Se amaban. Y, en cierto modo, todos
amábamos a Ángel. Todos somos Joaquín en esa foto.
Hoy, todos nos sentimos huerfanitos. En mi caso fue algo
especial.

Nunca pensé que fuera a llorar por alguien a quien no
hubiera conocido. Pero Ángel era tan yo. Era la persona
que me hubiera gustado abrazar, tal y como si fuera mi
padre. No digo que no quiera a mi padre, pero lo que
siento (sentía...) por él es tan grande como la admiración
que se siente por el ser querido más cercano. Aquel que
vive en tu casa.

Ángel González vivía en mi estantería, en mis libros.
Y vivía en mí. Yo, al igual que él, estoy hecho de nostalgia,
de melancolía, de tristeza. Él, como yo, derrochaba la alegría
que le faltaba en sus horas bajas. En sus horas de soledad.
Yo, como él, soy aficionado a la soledad. A la lágrima sin
derramar. A la dureza de la melancolía de un folio en blanco.
El rudo paso del tiempo.

Todas esas cosas que forman parte de mi mundo, que eran
parte del suyo. Vivíamos en un mismo mundo. En una misma
casa. Y esa casa se me ha quedado vacía. Se ha ido el padre
de todos los hijos que, tristes y con muchas lágrimas en la cara,
nos hemos quedado huérfanos del genio. Huerfanos de tí. Ángel.

He llorado mucho. Ahora mismo tengo los ojos empañados.
No soy de lágrima fácil. Soy mas bien de esos que se tragan
el dolor. Pero ni anteayer, ni ayer, ni hoy, puedo reprimirlas.

En estos casos lo que se suele decir es que la vida sigue, y
todo sigue, y el mundo sigue rodando, y cosas por el estilo.
Bajando de mi instituto, viendo el "desolado paisaje de antenas
y de cables", pensaba en ello. La vida sigue... Pero Ángel
fue de esas personas que hacían que la vida mereciera la
pena. Y ahora se me ha ido. Cabrón, ¿por qué te vas? ¿No
ves que estoy llorando?


Me hacías llorar con versos de cantina,
con nostalgias del siglo que viene.
Hoy, Ángel, mis lágrimas son espinas
que ni consuelan ni se detienen.

Huerfanito de tinta sin complejos,
viudo de nostalgia del presente,
vacío como un espejo sin reflejo,
triste como un botón entre la gente.

“Nada es ahora” que se nos ha ido,
muera la muerte y el olvido,
y el calendario que atropella vidas,

y el reloj que desangra corazones,
y el polvo y la carcoma de los cajones.
Bendito Ángel, malditas despedidas.

(Carlos Serrano)

"Preludio de mi muerte"

Se diría que aquí no pasa nada
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un Ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida,
y lo perdimos para siempre

(Ángel González)

un abrazo


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