Vamos con el típico capítulo de House de los martes. Hoy el caso que investigan los médicos es el de una niña de seis años que tiene síntomas propios de mujeres más mayores. Destripamos para empezar la trama médicos-paciente, porque empieza a ser lo de menos en House:
La niña y su hermano de ocho años sufren un trastorno hormonal (demasiada testosterona) que les ha adelantado la pubertad. La raíz del problema es una crema que el padre de los niños utiliza para funcionar mejor en la cama con su novia jovencita.
Seguimos por partes, y ahora le toca el turno a la relación Chase-Cameron:
No hay avances significativos en este capítulo, pero House les hace estar juntos todo el rato en labores tan típicas como el registro de la casa de la paciente. Chase se llega a poner celoso por un crío de ocho años (el hermano de la paciente principal). Al final Chase le regala flores a Cameron que, ya sea por mantener la tensión sexual de la serie o porque realmente pasa tres pueblos, le dice, otra vez, que no quiere una relación seria con él.
Y la madre del cordero, el triángulo que en este capítulo se forma entre House, Cuddy y Wilson:
A House le sobran dos entradas para el teatro y se las da a Wilson. House se huele que Wilson fue con Cuddy y le pregunta a su amigo si se llevó al huerto a la directora del hospital. El oncólogo, para seguirle el rollo, le dice que sí (es mentira, claro) y House lía más la cosa enviándole un ramo de flores de parte de Cuddy. Al final se descubre evidentemente el pastel y, tras decir varias veces que sí que está interesado en Cuddy, Wilson recula y le deja vía libre a House en sus intereses amorosos.
Resumiendo: Las cosas siguen como estaban. Se mantiene la tensión sexual en dos de las tramas de la serie, que va a acabar liándose tanto como Topacio, Rubí o La dama de rosa, y un par de niños afectados por la crema dopante de su papaíto resultan curados, que para eso está el hospital.


