Que el manga arrasa en el mundo no es noticia nueva. Desde hace ya tiempo las cifras demuestran sistemáticamente que sus ventas no hacen sino aumentar, mientras que las de los tebeos aborígenes, sean estos los que sean, bajan en picado. En Europa, esas cifras hacen temblar incluso a la todopoderosa industria francesa, que ve cómo sus iconos más establecidos apenas pueden presentar batalla a los Full Metal Alchemist o Naruto, que ya han conquistado plenamente otros países como Alemania.
España, siempre clónica en sus comportamientos de mercado con los EE.UU. debería ir mirando que en ese país, por primera vez, hasta los comiqueros empiezan a darse cuenta de lo que está ocurriendo allí. Cómodamente asentadas en sus poltronas, Marvel y DC han creído dominar el mercado de los tebeos, inundando mes a mes las librerías especializadas con centenares de colecciones, y sonriendo satisfechas por las cifras de ventas en este circuito y mirando con superioridad a las exiguas ventas del manga en esas listas. Pero ya se sabe, los orientales son taimados y ladinos - se ve en cualquier película-, así que han ido conspirando en la sombra, atacando otros medios de distribución y construyendo poco a poco otra montaña que ya rivaliza con la de las grandes. El manga ha sabido conquistar las grandes cadenas generalistas de distribución de libros, escalando puesto a puesto todos los meses y colocando de forma reiterada títulos en las listas de libros más vendidos, hasta llegar a una situación donde el volumen de negocio de Tokyopop, la principal importadora de títulos a los EEUU, está a la par que la facturación por ventas de tebeos de Marvel, por ejemplo (una empresa que, desde hace años, tiene en el merchandising y la venta de derechos al cine su principal fuente de ingresos).
El problema es que, pese a las cifras, parece como si el aficionado medio y las editoriales cerrasen los ojos a esta realidad, pero me parece tremendamente aclaratorio el post “Por qué amamos el manga” del blog de halifax_slahser (dependiente de una tienda de cómics americana) que enlaza Heidi McDonald en The Beat. Es el relato exacto de cómo la realidad ha sobrepasado ampliamente a las ideas preconcebidas. Traduzco algunos párrafos:
El otro día, un cliente me preguntó cuál era el cómic que más vendía en este momento en los EE.UU, y le contesté que, probablemente, Fruits Basjet o Naruto. “Ya, ya”, me dijo, “esos deben ser los que mas venden en el manga, pero ¿cuál es el cómic que más vende?” Fruits Basket o Naruto, le dije. “El manga tiene una audiencia limitada”, dijo, “por eso es impresionante cuando uno comienza a vender. Pero lo que realmente quiero saber es qué cómic es el que más vende”.
Bueno, no lo entiendií, y tampoco lo entienden un montón de habituales de las tiendas, pero la realidad es que los comic-books americanos no han sido los tebeos más populares de America en muchos años (lo fueron las tiras de periódico) y ahora ni siquiera ocupan la segunda plaza.
A continuación, establece una serie de posibles causas, basadas en la diversidad temática, formato y presencia de sexo, pero es interesante remarcar el concepto de “cuota de satisfacción” (exactamente “satisfying chunk”, si alguien lo puede traducir correctamente me haría un favor):
El manga ofrece lo que Heidi McDonald llama la “cuota de satisfacción” de una historia. Los cómics americanos solían cumplirla, pero no ahora, lo que se traduce en que los compradores, tras leer un comic-book, siempre se quejan de que no ha pasado nada. Las razones para este cambio necesitarían un ensayo propio (con el posible nombre de “Qué es lo que fue mal”), pero por ahora indiquemos sólo que hubo un tiempo en el que en un solo número Spider-man encontraba a un enemigo, era derrotado por él, se retiraba, se inspiraba, volvía a buscar al enemigo, luchaba contra él y lo derrotaba, además de desarrollar una subtrama con la tía May. En otras palabras, un número contenía un arco argumental completo. Hoy Frank Miller puede escribir números y números en los que Batman no sale del coche. Nos hemos acostumbrado a pagar $2.99 por el equivalente de tres minutos de una película.
No son datos nuevos, pero está claro que el aficionado americano tradicional, confiado siempre en sus personajes fetiche, parece salir de su sueño de felicidad y encontrarse cara a cara con una realidad que le supera. El manga está siendo el principal acaparador de nuevos lectores (y lectoras, no olvidemos este dato), arrasando en las librerías de siempre, compitiendo de tú a tú en un terreno donde el cómic parecía que nunca pudiese entrar.
En España la situación no es muy diferente: mientras el aficionado medio sigue pensando que los tebeos más vendidos y que la mayor parte de las ventas provienen del género de superhéroes, la realidad está marcando que en las librerías especializadas el espacio dedicado al manga crece sin cesar mientras disminuye el dedicado a los tebeos de superhéroes. Mientras las colecciones de este género abandonan el quiosco en algunos casos para resguardarse en las librerías especializadas en formatos recopilatorios, el tebeo japonés pone casi un centenar de títulos a disposición de los lectores, superando ampliamente a la oferta de otros géneros y nacionalidades. De hecho, este año ya se alcanza casi el 40% de los títulos publicados, demostrando su increíble pujanza.
