Qué mala cosa debe ser esa de ser heredero de genios de nuestro tiempo. Una responsabilidad tremenda, la de mantener impoluta la memoria de nuestros antepasados de gloriosa fama y relumbre. Y una labor cara, muy cara, porque fíjese usted lo que hay que gastar en Mr. Limpio y demás productos de limpieza para la académica tarea de limpiar y dar esplendor a las tumbas.
Lo curioso es que estos días dos de las familias herederas de los derechos más lucrativos de la historia del tebeo andan mosqueadas. Primero, los señores de Moulinsart, férreos garantes de la ortodoxia tintinera, que ven angustiados cómo el pintor Ohle Alberg usa las creaciones de Hergé con fines supuestamente artísticos. Así a ojo, creo yo que la divertida parodia de la famosa pintura de Magritte con los Dupont & Dupont no les debe causar mucho problema (más allá de la compleja ingeniería contable necesaria para cobrar los derechos de autor), pero otras pinturas en las que el famoso reportero se haya en situaciones bastante comprometidas, les debe haber puestos los pelos como escarpias. Que ya se sabe que la intachable actitud moral del héroe debe ser respetada. Juzguen ustedes.

Aunque tampoco andan muy contentos los sucesores de Charles Schulz, famoso creador de Peanuts (más conocido como Carlitos y Snoopy por estos lares). La biografía que acaba de aparecer del famoso dibujante, Schultz and Peanuts, de David Michaelis, lo muestra con un hombre depresivo y amargado, constatemente persiguiendo mujeres. Una imagen que parece haber enfadado, y mucho, a sus hijos y viuda.
La dura vida del heredero...

Atentos, porque la noticia promete volver a levantar ríos de soflamas contra los perjudiciales efectos del manga y el anime en los inocentes corazoncitos de nuestra chiquillería. Si hace poco en Australia se acusaba a un muñeco de Naruto de












Con ese título y las fechas en las que estamos, estáis esperando que diga algo de 300, la adaptación de la novela gráfica de Frank Miller, ¿verdad?