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diciembre 2007

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03 diciembre, 2007 - 15:04 - EP3

Corea mon amour

Más o menos la cosa es así: manga si son japoneses, manhwa si son coreanos y manhua si son chinos. Y, con seguridad, los países orientales faltantes en este corto listado disponen de algún término comenzado en “man” y acabado en “a” que identifica unívocamente lo que todos conocemos como tebeos. Cosas de la globalización, que nos obliga a ponernos al día de esto de los idiomas, ya se sabe. El caso es que, por desgracia, solemos meter en el mismo saco a todo tipo de tebeos que provengan de países asiáticos, en muchos casos un único saco de ignorancia o, peor, de desprecio peyorativo, olvidando que la única causa común que tienen todos ellos es la de la historieta. Pero si conseguimos saltar la terrible y espinosa empalizada de los prejuicios, lo cierto es que el invasor tebeo asiático es un excelente escondrijo de autores sorprendentes y de nuevas ideas. Es más, si nos centramos un poco, pronto veremos que las diferencias entre los diferentes países son profundas, desde las propias temáticas hasta los recursos narrativos usados.
Gato Sirvan como ejemplo tres tebeos coreanos recién llegados a nuestras librerías. El primero, publicado por La Cúpula, es Gato Z de Byun Ki-hyun, una curiosísima revisión de los mitos infantiles. El autor juega con el lector a través de un extraño personaje, disfrazado de un popular héroe de tebeos infantiles, el superhéroe Gato Z, pero del que descubriremos poco a poco que quizás esconde secretos muy poco comunes a los trabajadores disfrazados de los parques de atracciones. El segundo, también publicado por La Cúpula, La luna entre las nubes, de Park Heun-Yong es el clásico relato oriental de la formación del espíritu a través de las enseñanzas de un viejo luchador ciego (con referencias obvias a al Zatoichi de Kitano). Por último, El Gran Catsby, de Doha (Glénat ediciones) es una reescritura de la inmortal obra de Scout Fitzgerald en términos modernos y… gatunos. Tres obras muy diferentes, pero que coinciden en marcar acusadas diferencias respecto al manga, tanto desde sus aproximaciones temáticas como formales. Así, en los tres casos encontraremos una narrativa muy distinta a la que estamos habituados. Frente a la exageración “decompresiva” del manga, con largas e interminables escenas que se suceden a lo largo de decenas de páginas, el manhwa resulta mucho más cercano a la historieta occidental, con escenas más cortas y una narración más sintética, pero que se diferencia de ésta por un ritmo casi sincopado, en el que el relato se corta de forma Lnua abrupta para seguir después sin apenas cambios. Acostumbrados a una linealidad atávica en nuestra historieta, estos cambios imprevisibles son muchas veces complejos de seguir para el lector occidental, que debe esforzarse por entrar en historias donde se requiere una colaboración mucho mayor por su parte. Un esfuerzo al que hay que añadir una mayor oscuridad temática, mucho más tortuosa en sus planteamientos, a veces imperceptible.
Buen ejemplo puede ser la segunda de las obras comentadas, donde la relación entre el joven e impetuoso Kyonju y el ciego Hwang Chong-ha se va construyendo en segundos planos, a partir de las reflexiones de los protagonistas derivadas de episodios aislados. No hay miedo a la ruptura de las líneas temporales y lógicas, pero tampoco a planteamientos complejos. Las referencias a Zatoichi pueden parecer obvias, pero pronto se diluirán ante una separación profunda entre concepciones.
Por su parte, Byun Ki-hyun va jugando con el lector, ocultándole la realidad de Gato Z y dejando pistas que pueden ser tan evidentes en unos casos como absurdas en otros, en un continuo zarandeo del lector entre realidad y ficción que consigue lo increíble: la tensión de un relato de intriga a partir de un personaje que no deja de ser un peluche gigante. Un cuidadísimo dibujo es además perfecto vehículo de contraste, recordando a veces los irónicos planteamientos de Michael Paulus.
Catsby Quizás en ese sentido el más próximo a la concepción temática y argumental occidental sea Doha, que transforma al millonario Jay Gatsby y la joven Daisy en el mísero Catsby y la bella Persu, dos jóvenes gatos humanizados que, como los protagonistas de la novela, tienen que vivir una historia de amor imposible. Si Daisy caía en los brazos de Buchanan, Persu hará lo propio en los del temible Hound, creando el escenario perfecto para un drama sobre la soledad y el amor, pero que es capaz abordarse conjugando una puesta en escena minimalista con un cuidado dibujo caricaturesco. Doha se revela como un perfecto catalizador de sentimientos y sensaciones, que son explorados con ternura y amabilidad, pero sin evitar caer en la dureza en muchos momentos.
Tres tebeos muy diferentes, pero que dan una excelente muestra de las ricas diferencias entre culturas que se trasladan, lógicamente, a la forma de entender la historieta.

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Comentarios

"el Zatoichi de Gitano"

Lo siento pero no he podido evitar la carcajada al leer esto.

Y yo al leer tu firma, JAA PAYOOO, jajaja.

Frente a la exageración “decompresiva” del manga, con largas e interminables escenas que se suceden a lo largo de decenas de páginas. Un poco generalista este comentario, decir que todo el "manga" es igual sería equivalente a decir que todos las "BD" francesas son iguales, ¿no? A pesar del bienintencionado artículo, y me parece fantástico que hables de cómics diferentes al americano o al europeo, parece que a ti también te queda por saltar parte de esa empalizada de prejuicios.

Un saludo.

Vanesa: mi comentario no es, pese a que se pueda entender, producto de un prejuicio. Me gusta mucho el manga y, de hecho, lo he dicho varias veces, es lo que más leo ahora. Pero la decompresión narrativa (terrible exptresión) es una característica propia de la narrativa japonesa, presente no sólo en el manga, sino en literatura y cine. Si sigues la obra de muchos autores japones como Oé o Inoué, por citar sólo un par de ejemplos de literatura, la ralentización de las escenas está profundamente arraigada en la cultura japonesa, es una característica propia. No es malo, como parece que deduces de mi comentario, sino una característica. Y es propia también del manga, no es una generalización, sino una característica propia de él. Su uso puede ser en mucho casos ideal (desde Toriyama hasta Taniguchi), pero en otros resulta más propio de una costumbre narrativa tradicional (en el mismo modo, se puede hablar de decenas de curstiones narrativas en el tebeo europeo o americano).
Perdón si mi comentario te ha parecido ir en contra del manga, pero a poco que leas lo que voy diciendo por aquí o por La Cárcel, verás que es todo lo contrario. :)

Es cierto, que los asiáticos tienen una narrativa diferente (si no es que hay una narrativa diferente por cada autor, sea del país que sea), porque su tradición y su caracter es diferente, sin duda. Cada fórmula artística tradicional esta impregnada de la tranquilidad, más que de la lentitud, de una aproximación al momento perfecto, esteticamente hablando, que se alarga como un momento intemporal, independiente del anterior y el siguiente, pero sin embargo concatenado con ambos.
Es esa la influencia fundamental, que se aplica a la ceremonia del té o a cualquier otra de sus artes.
Dicho esto, y señalando previamente algo que ya he escrito aquí muchas veces, mi admiración por las culturas asiáticas, creo que muchos, la inmensa mayoría que defienden con uñas y dientes el manga, no resistirían en absoluto la cultura japonesa en su esencia profunda. Ni unos minutos. Aplicarse en artes marciales es muy dificil y exige mucha paciencia, apreciar el Kabuki aún más, y oir una sakuhachi... si es un rato resulta exótico e hipnótico, pero si es un concierto de cerca de una hora, dudo que lo resistan.
Tengo la sensación que del manga sólo se recibe una sensación similar a la aplicación que se hizo en el spagueti wenster, cuando se conoció la magnifica filmografía japonesa de samuráis. Muy superficial, de forma resultona, más que de fondo.
Y no conviene olvidar, que los coreanos no se parecen a los japoneses, e igual pasa con los chinos. Así como el arte japones tiende al vacío y al desafío personal, el chino tiende a la belleza harmónica de todo lo que hay entre el cielo y la tierra. Muy distintos, sin duda.
Un saludo.

Que en el aspecto formal la narrativa oriental y occidental son muy diferentes es un hecho, no lo discuto. Que muchas veces se tiene un conocimiento superficial del manga también (y de los tebeos en general por el público ajeno, me atrevería a añadir). Entono el mea culpa ya que entendí el comentario como si se hablara de un defecto cuando no lo es, aunque reitero que hay autores con un ritmo muy influenciado por los occidentales (Kishiro y su Gunmm se me vienen ahora a la cabeza).

La verdad es que se agradecen páginas en las que se hable de todo tipo de cómics.

Saludos.

Es que este es el mejor blog.
No, si lo que señalas es muy corriente, que se ataque al manga como una amenaza peligrosísima, cosa que yo no entiendo, y es por que es tan corriente, que señalar una de sus características puede interpretarse facilmente como un ataque. Porque se tienden a malignizar sus características. A mi me parece que se aprende mucho del manga, y sobre todo del estilo genuino manga, del asiático de influencia clásica. Sí es verdad que ahora hay mucha norteamericanización en la sociedad japonesa, pero como en todas las sociedades, porque despues de la segunda guerra mundial, la influencia del estilo de vida americano ha sido imparable en todos los países industrializados. Eso fue precisamente lo que llevó a Yukio Mishima al acto ritual de seppuku, esa impotencia frente a la corriente cultural USA. Por eso también digo que se está apreciando el manga japonés no en su faceta profunda común a su tradición artística, sino como producto de venta occidentalizado. Un poco como pasó con las artes marciales cuando se exportaron a USA, que se desarraigaron de su tradición y su filosofía y se vendió la expectacularidad superficial, perdiendo en gran medida la autenticidad.
Por eso yo creo que todas las influencias artísticas tradicionales en cada estilo de tebeos son muy buenas, para que no exista el pensamiento único, que si no será esto una especie de 1984.
:-D

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