¡Premios por todas partes!: desde los USA hasta España, pasando por la Belgique. Comencemos por los Estados Juntitos, donde este fin de semana se celebró la Small Press Expo (SPX), la principal reunión de cómic independiente USA. Como es habitual, se concedieron los premios Ignatz, todo un termómetro del tebeo más rabiosamente experimental y alternativo.
Este año, los premiados han sido:
- Mejor artista
Jaime Hernandez, por Love & Rockets (Fantagraphics Books, publicado en España por La Cúpula) - Mejor anología o colección
Curses, de Kevin Huizenga (Drawn & Quarterly, publicado en España por La Cúpula como Maldiciones) - Mejor novela gráfica
Don't Go Where I Can't Follow, de Anders Nilsen (Drawn & Quarterly) - Mejor historia
"Felix", de Gabrielle Bell, en Drawn & Quarterly Showcase Vol. 4 (Drawn & Quarterly) - Talento más prometedor
Tom Neely, por The Blot (I Will Destroy You) - Mejor serie
Mourning Star, de Kazimir Strzepek (Bodega Distribution) - Mejor cómic
Optic Nerve #11, de Adrian Tomine (Drawn & Quarterly) - Mejor fanzine (mini-comic)
P.S. Comics #3, de Minty Lewis - Mejor cómic online
Achewood, de Chris Onstad - Premio al mejor debut
Papercutter #6, editado por Alec Longstreth (Tugboat Press)
Muy atentos a todos los premiados, que ya veremos si se publican por estos lares algún día. Eso sí, lo que se puede visitar sin problemas es el resto de nominados en la categoría de webcomic: Grace de Kris Dresen, Persimmon Cup de Nick Bertozzi, Thingpart de Joe Sayers y Wondermark de David Malki.
En Bélgica, la sexta edición del Festival de la BD de Bruxelles ha entregado los premios Saint Michel, entre los que hay que destacar el merecido Gran Premio Saint Michel 2007 a Gotlib, uno de los grandes genios del humor francés, creador de títulos míticos como Fluide Glacial y L'echo des savanes, aunque casi desconocido en nuestro país, y la alegría compatrida por el premio que se lleva el español José Luis Munuera, que recibe el premio de la Juventud junto al guionista Morvan por su serie Navis. La lista completa de premios ha sido:
- Gran Premio Saint Michel
Marcel Gotlib - Mejor historieta de autor francófono
Les cinq conteurs de Bagdad, de Frantz Duchazeau y Fabien Velhmann - Mejor historieta de autor flamenco
De Maagd en de Neger, papa en Sofie, de Judith Morjeau - Mejor dibujo
Dany, por Transylvania - Mejor guión
Tarek, por L'Assaut final - Premio juventud
Latitzoury, de José Luis Munuera y Jean David Morvan. - Premios de la prensa
Arnest Ringard et Augraphe, de Frédéric Jannin - Premio del futuro
"Hugo & Iris", de Jean Bastide y Vincent Mezil
Y para acabar, los ya veteranos (y siempre polémicos) Haxtur, los premios otorgados por el Salón del cómic de Asturias. Los agraciados han sido:
- Premio a la mejor historia larga
( ex-aequo) Seton: lobo, el rey, de Yoshiharu Imaizumi y Jiro Taniguchi y Usagi Jojimbo, de Stan Sakai. - Premio al mejor guión
Jena Charles Kraehn, por Gil St. André. - Premio al mejor dibujo
José Luis García López, por La mujer hipótesis. - Premio al mejor cómic de humor
Maitena, por Todas las mujeres alteradas. - Premio a la mejor historia corta
Carlos Giménez, por Ese día (Barrio 4). - Premio a la mejor portada
Walt Simonson, por Clásicos DC: Orión nº 4 / Portada interior nº 21. - Premio “al autor que amamos”
Luis Olmo Alonso, creador del personaje Don Celes. - Premio del público
Carlos Giménez - Premio John Buscema: amar al cómic
Maurice Horn.



Curiosamente, Miriam Katin y Bernice Eisenstein coinciden en
sus dos obras en el recuerdo del terrible holocausto nazi, pero desde dos
experiencias personales radicalmente opuestas: la de quien lo ha vivido en
primera persona y la de aquélla que sólo tiene los relatos y los recuerdos de
otras personas. Así, Por nuestra cuenta,
de Miriam Katin (Ponent Mon) es un relato visceral y emotivo, en el que la
autora relata cómo su madre y ella, todavía una niña, escaparon de la
persecución nazi en Hungría. Especializada en libros infantiles, Katin consigue
plasmar la atroz experiencia desde la perspectiva ingenua de una niña,
consiguiendo un brutal contraste con la dureza de las situaciones testimoniadas,
que se traduce en un relato de emociones puras. Ingredientes perfectos para que
sea el lector el que construya una reflexión posterior, en una estructura que
recuerda sobremanera –incluso gráficamente- a la magistral Cuando el viento
sopla de Raymond Briggs, pero que chocan muchas veces con la sobreinformación
que muchas veces padecemos sobre este tema. Tras obras como Maus o las
recientes aproximaciones cinematográficas de Spielberg o Polanski, la visión de
Katin parece no aportar nada nuevo a lo que ya sabemos. Una
sensación que
difícilmente se da con Fui hija de
supervivientes del holocausto, de Bernice Eisenstein (Random House
Mondadori), una compleja obra que intenta reconstruir el pasado a partir de los
relatos y actitudes de los padres de la autora. Éstos, supervivientes de los
campos de concentración, eluden en todo momento las referencias a lo que
sufrieron, por lo que la autora comienza una labor de investigación casi
forense, en la que cualquier pequeño detalle es parte de un gigantesco puzzle
que está dispuesta a resolver. Eisenstein consigue ir más allá de las impresiones
de la memoria, intentando buscar que hay atrás de esos pequeños momentos
aislados que recordamos, buscando las conexiones y las consecuencias de
aquellos horrores que se vivió años atrás. Una obra fascinante que, eso si, no
es exactamente una historieta, sino un relato que hace uso profuso de la
ilustración. Aunque a veces pueda recordar a la hibridación de medios que
realiza Possy Simmonds, lo cierto es que en este caso el relato literario es el
que lleva la fuerza de la narración, con momentos aislados donde la ilustración
interactúa con él para obtener un mayor impacto.
Esas cosas, de
Julian Neel, se centra en la relación de un hombre con su padre moribundo,
alternando continuamente entre dos momentos temporales: el presente, y aquél
donde su padre tuvo que aceptar un denigrante trabajo de actor publicitario,
escondido tras un molesto disfraz de osito de peluche. Una obra amable, que
intenta deambular por esos caminos de la memoria que construyen el recuerdo de
una persona y que, en este caso, obliga a una referencia constante a la
magistral S. de Gipi. Los
paralelismos entre ambas obras son obvios, pero las diferencias, abismales. Lo
que en la obra de Gipi es una complejidad que da lugar a un fascinante retrato
de la memoria y de las relaciones paterno-filiales, en la aportación de Neel
se convierte en un sencillo relato lineal, donde el único atrevimiento se
centra en el uso continuo de los flashbacks. Donde allí hay reflexión y desafío,
aquí sólo hay testimonio y conciliación. No es, desde luego, una obra
desdeñable, pero sus resultados llegan poco más allá de un benévolo retrato del
amor a un padre.
Por último, Historias
del olvido, de Javier de Isusi y Luciano Saracino (Dolmen) explora
precisamente el territorio que deja la memoria al desaparecer: el del olvido.
Una muy ambiciosa historia en el que los guionistas parten de una compleja
disposición estructural, en la que diferentes personajes y situaciones
interactúan entre sí para componer una metáfora de esa pérdida del recuerdo. Hombres que
cuidan a su padre enfermo de Alzheimer, pueblos enteros que padecen crónicos
olvidos… Historias que nos llevan de lo personal a lo simbólico en un camino
donde realidad y el mundo que nace del olvido van mezclándose sin orden ni
concierto. Un atrevido intento de remedar la profunda conexión de los recuerdos
a la par que la aletoriedad de la memoria, pero que nunca llega a conseguir
cuajar plenamente. Ya sea por el uso de distintos autores para las diferentes
historias (en general, a un excelente nivel gráfico) o por la dificultad
de lograr un aglutinante perfecto para
todas ellas, lo cierto es que el volumen nunca llega a alcanzar la homogeneidad
necesaria. Hay momentos aislados de indudable fuerza (como la bonita historia
de Rubín o los episodios del pueblo de Funes), pero el conjunto nunca llega a
funcionar en su totalidad. Un resultado fallido, pero se agradece profundamente
que autores y editores se lancen a proyectos tan ambiciosos y complejos como
éste. El sólo intento ya merece una mirada mucho más condescendiente, que
perdone los errores a favor de los indudables aciertos.

Una definición que
se aplica también a Midnight Nation,
una miniserie realizada junto a Gary Frank que Norma publica ahora en un lujoso
volumen recopilatorio. El guionista hace un curioso batido de clásicos de la
literatura e influencias televisivas - que van desde la Divina Comedia de Dante
hasta el mito de Orfeo y Eurídice, pasando por series modernas como Buffy Cazavampiros
(es imposible no ver la referencia al sugerente episodio Out of mind, out of sight de la primera temporada) o Brimstone -, para
contar la historia de un policía que debe tomar un largo camino para conseguir
recuperar su alma. El resultado es un tebeo entretenido, sin duda, pero al que
se le ven con facilidad las costuras. Straczynski toma acertadamente la estructura
clásica de la novela de carretera, del “roadtrip” de Kerouac –con todas las
distancias- en el que el protagonista se debe enfrentar a un viaje iniciativo interno,
pero falla al simplificar el desarrollo del protagonista, que se queda en
exceso plano y previsible. Los trucos de la televisión son prácticos para
conseguir que la lectura sea fluida, pero evitan en este caso que el guionista
pueda ahondar en la complejidad de sus personajes. Sirva como ejemplo de uso
brillante de esa estructura la genial reconstrucción personal y social que
aborda Peter Milligan en la saga The road de Shade the changing man.
