La memoria
Cuatro editoriales distintas y cuatro novedades que coinciden en el fondo de su temática: la memoria. Desde perspectivas completamente diferentes, autores y autoras tan dispares como Julian Kneel, Bernice Eisenstein, Miriam Katin o el colectivo de autores españoles comandados por Javier de Isusi y Luciano Saracíno se adentran en los mecanismos de la memoria para intentar proyectarlos en el presente. Obras aparentemente heterogéneas, pero que una lectura conjunta consigue unificar en sus intenciones.
Curiosamente, Miriam Katin y Bernice Eisenstein coinciden en
sus dos obras en el recuerdo del terrible holocausto nazi, pero desde dos
experiencias personales radicalmente opuestas: la de quien lo ha vivido en
primera persona y la de aquélla que sólo tiene los relatos y los recuerdos de
otras personas. Así, Por nuestra cuenta,
de Miriam Katin (Ponent Mon) es un relato visceral y emotivo, en el que la
autora relata cómo su madre y ella, todavía una niña, escaparon de la
persecución nazi en Hungría. Especializada en libros infantiles, Katin consigue
plasmar la atroz experiencia desde la perspectiva ingenua de una niña,
consiguiendo un brutal contraste con la dureza de las situaciones testimoniadas,
que se traduce en un relato de emociones puras. Ingredientes perfectos para que
sea el lector el que construya una reflexión posterior, en una estructura que
recuerda sobremanera –incluso gráficamente- a la magistral Cuando el viento
sopla de Raymond Briggs, pero que chocan muchas veces con la sobreinformación
que muchas veces padecemos sobre este tema. Tras obras como Maus o las
recientes aproximaciones cinematográficas de Spielberg o Polanski, la visión de
Katin parece no aportar nada nuevo a lo que ya sabemos. Una
sensación que
difícilmente se da con Fui hija de
supervivientes del holocausto, de Bernice Eisenstein (Random House
Mondadori), una compleja obra que intenta reconstruir el pasado a partir de los
relatos y actitudes de los padres de la autora. Éstos, supervivientes de los
campos de concentración, eluden en todo momento las referencias a lo que
sufrieron, por lo que la autora comienza una labor de investigación casi
forense, en la que cualquier pequeño detalle es parte de un gigantesco puzzle
que está dispuesta a resolver. Eisenstein consigue ir más allá de las impresiones
de la memoria, intentando buscar que hay atrás de esos pequeños momentos
aislados que recordamos, buscando las conexiones y las consecuencias de
aquellos horrores que se vivió años atrás. Una obra fascinante que, eso si, no
es exactamente una historieta, sino un relato que hace uso profuso de la
ilustración. Aunque a veces pueda recordar a la hibridación de medios que
realiza Possy Simmonds, lo cierto es que en este caso el relato literario es el
que lleva la fuerza de la narración, con momentos aislados donde la ilustración
interactúa con él para obtener un mayor impacto.
Esas cosas, de
Julian Neel, se centra en la relación de un hombre con su padre moribundo,
alternando continuamente entre dos momentos temporales: el presente, y aquél
donde su padre tuvo que aceptar un denigrante trabajo de actor publicitario,
escondido tras un molesto disfraz de osito de peluche. Una obra amable, que
intenta deambular por esos caminos de la memoria que construyen el recuerdo de
una persona y que, en este caso, obliga a una referencia constante a la
magistral S. de Gipi. Los
paralelismos entre ambas obras son obvios, pero las diferencias, abismales. Lo
que en la obra de Gipi es una complejidad que da lugar a un fascinante retrato
de la memoria y de las relaciones paterno-filiales, en la aportación de Neel
se convierte en un sencillo relato lineal, donde el único atrevimiento se
centra en el uso continuo de los flashbacks. Donde allí hay reflexión y desafío,
aquí sólo hay testimonio y conciliación. No es, desde luego, una obra
desdeñable, pero sus resultados llegan poco más allá de un benévolo retrato del
amor a un padre.
Por último, Historias
del olvido, de Javier de Isusi y Luciano Saracino (Dolmen) explora
precisamente el territorio que deja la memoria al desaparecer: el del olvido.
Una muy ambiciosa historia en el que los guionistas parten de una compleja
disposición estructural, en la que diferentes personajes y situaciones
interactúan entre sí para componer una metáfora de esa pérdida del recuerdo. Hombres que
cuidan a su padre enfermo de Alzheimer, pueblos enteros que padecen crónicos
olvidos… Historias que nos llevan de lo personal a lo simbólico en un camino
donde realidad y el mundo que nace del olvido van mezclándose sin orden ni
concierto. Un atrevido intento de remedar la profunda conexión de los recuerdos
a la par que la aletoriedad de la memoria, pero que nunca llega a conseguir
cuajar plenamente. Ya sea por el uso de distintos autores para las diferentes
historias (en general, a un excelente nivel gráfico) o por la dificultad
de lograr un aglutinante perfecto para
todas ellas, lo cierto es que el volumen nunca llega a alcanzar la homogeneidad
necesaria. Hay momentos aislados de indudable fuerza (como la bonita historia
de Rubín o los episodios del pueblo de Funes), pero el conjunto nunca llega a
funcionar en su totalidad. Un resultado fallido, pero se agradece profundamente
que autores y editores se lancen a proyectos tan ambiciosos y complejos como
éste. El sólo intento ya merece una mirada mucho más condescendiente, que
perdone los errores a favor de los indudables aciertos.
Lástima no poder completar esta crónica con Rides (Arrugas) de Paco Roca, una obra sobre el Alzheimer que sólo admite un calificativo: magistral. Afortunadamente, ya queda menos para su edición por Astiberri.

¿Gippi?
¿GIPPI?
Si los presuntos expertos no saben ni escribir correctamente los nombres de los autores, ¿cómo vamos a reclamar de los demás un respeto hacia este medio?
Publicado por: Ay, ay, ay... | 17/10/2007 12:04:29
Álvaro, cuída esa dilexia y repasa el texto, hay algunos errores en los nombres de los autores ;-)
Publicado por: el tio berni | 17/10/2007 19:50:18
¿Ve usted, Sr. Pons?
eso pasa por mentar tanto a los autores extranjeros...
¡Con esos nombres tan raros...! ¡Seguro que con Pedro Camello, Munuera y demás no se confundiría! (:-D
De todas formas, como es un post sobre "la memoria", igual es un truco de marketing de Álvaro, y habéis caido... (:-DDD
Un saludo
Publicado por: Javier Trujillo | 17/10/2007 20:09:23
Me encanta lo de presunto experto...
Errores tipográficos señores, errores tipográficos. Que los tengo en cantidad y nunca los he ocultado. Los asumo, pido perdón, y ya está, pero de ahí a mezclarlo con el respeto al medio, pues como que va un mundo. Creo.
Sorry por los errores...
Por cierto.. si escribís Isusi en el word...lo cambia por Isasi. Y no me preguntéis el porqué, porque no tengo ni idea...
Publicado por: Álvaro Pons | 19/10/2007 9:03:33
Pues mejor corrija entonces otros dos de esos "errores tipográficos", porque no es "Julian Kneel" ni "Julian Neel" como aparece al principio y al final del texto...
Publicado por: S. | 19/10/2007 18:45:09
Pues mejor corrija entonces otros dos de esos 'errores tipográficos'... porque no es "Julian Kneel" ni "Julian Neel" como aparece al principio y al final del texto...
Publicado por: S. | 19/10/2007 18:47:51