Finalmente, Norma completa con Niñatos la trilogía del superhéroe de Rick Veitch. Tres obras que componen un sugestivo ensayo sobre el concepto del superhéroe, analizándolo desde varias perspectivas. En El Uno, Veitch establecía una profunda reflexión sobre el concepto del superhéroe en la sociedad de finales del s.XX, a medio camino entre los últimos ramalazos de la filosofía hippy y el neoexistencialismo más materialista de la década de los 80. Un primer paso que necesitaba complementarse con un estudio de qué era lo que sociedad, el lector, pensaba en ese momento de los superhéroes. Niñatos es, precisamente, esa segunda parte, en la que Veitch se fija en los sidekicks, los juveniles compañeros que siempre acompañaron al héroe en la edad dorada de los comic-books, para plantear una inteligente comparación entre la evolución del género y la evolución del lector. Una difícil tarea que realiza partiendo de la exageración completa de los tópicos más comunes que acompañaron al género en los ensayos que comenzaron a aparecer en los 70: la supuesta homosexualidad de las relaciones entre héroes y sidekicks, el tratamiento de la mujer como objeto o el fascismo latente en el concepto del héroe, todos ellos pasados por el tamiz de realidad y ultraviolencia que autores como Miller y Moore habían planteado en sus obras de finales de los 80 y que el autor no duda en usar como referentes.
Unos modelos exagerados que marcan el fin del género tal y como se había concebido: el héroe inmaculado dejaba de ser el ejemplo para niños que había sido durante casi 50 años y pasaba a ser un vehículo de conceptos adultos, en una mezcla que chirría a los ojos de Veitch y que, para él, supone para el lector casi un trauma existencial, reflejado precisamente en la figura de los sidekicks.
En un claro ejercicio simbólico, Veitch mata al lector de toda la vida y busca a nuevos niños lectores, ingenuos e inocentes, que deben encontrarse con unos héroes que han dejado de lado los ideales para mostrarse como humanos, llenos de defectos y vicios que rompen radicalmente con la imagen del superhéroe de inmaculada personalidad y elevadas intenciones. Un encuentro entre el lector de entonces y el antihéroe de hoy que deriva en la corrupción de la inocencia, en la desaparición de los ideales ante un mensaje que ha sido pervertido.
El discurso de Veitch no puede estar más claro: el superhéroe no es más que una traslación de los mitos clásicos, un instrumento de transmisión de valores morales que pierde su función cuando son puestos en duda. En todo momento, el héroe clásico, el Superman de Siegel y Shuster esencializado en TrueMan/Maximortal, extiende su sombra sobre los nuevos héroes, siempre asustados ante la comparación con el origen del mito.
Aunque se pueda leer como una furibunda diatriba contra el género, es evidente que, en el fondo, Niñatos entronca con el discurso de reivindicación del modelo clásico de héroe que hace Alan Moore en la miniserie 1963, Supreme, El día del Juicio o la línea ABC (no en vano, ha trabajado mano a mano con Moore en algunas de estas series y siempre ha estado vinculado en una u otra forma al trabajo del británico). La única diferencia es que Veitch usa el lenguaje y formas que estaba tomando el cómic de los 90 (recordemos que fue serializada a principios de esa década), justo en el momento de la línea “adultización” del género. A diferencia del mensaje optimista y vitalista de Moore en ABC, Niñatos es una visión apocalíptica del género, una sátira que esconde el tremendo resentimiento del autor hacia una industria que ha olvidado la función del superhéroe y para el que que considera que no hay vuelta atrás.
Veitch completó la trilogía años después con Maximortal, donde precisamente analiza esta doble moral de una industria del cómic que ha usado y pervertido el género de superhéroes con sólo criterios económicos, en un inteligente ejercicio metalingüístico sobre la corrupción del mito desde la perspectiva de la industria.
Autor, lector, industria. Los tres ejes del tebeo perfectamente analizados en una trilogía que demuestra la sagacidad de uno de los autores más inteligentes y brillantes que ha dado el tebeo USA.
Es verdad, que, leída hoy en único volumen, hay varios peros que se pueden a Niñatos, desde la utilización redundante de secundarios al poco aprovechamiento de algunos de los personajes, que no llegan a cuajar en la línea argumental, pasando porque su publicación en tomo reduce el impacto de la elección de recursos narrativos (por ejemplo, la disposición de la página en cuatro narraciones paralelas, alternada y con sentido en la lectura en cómic-book, pierde su lógica en un volumen único, donde aparece más como una repetición que con la intencionalidad original). Una objeción mínima que no empaña en ningún momento el excelente pulso narrativo de Veitch y que los tres volúmenes construyan en su conjunto uno de los análisis más brillantes sobre el concepto de superhéroe tras las obras de Miller y Moore. Una lectura casi obligatoria.
PD: Un último consejo: si es posible, leed la trilogía en su orden original, El Uno, Niñatos y Maximortal. Permite tener una perspectiva completa sobre la evolución del género en los 80 y 90 y la argumentación de Veitch cobra más sentido.
Ficha técnica
Bratpack, de Rick Veitch. Norma Editorial. 176 págs. BN. 15€