No llores
Ahí, perdido entre el cerebro de reptil y el hipocampo, o escondido entre los muchos pliegues del córtex cerebral, debe existir un extraño mecanismo, desconocido completamente para la ciencia, que se encarga de recordarnos una y otra vez que, alguna vez, fuimos niños. Por mucho que la razón nos diga que es un conjunto de neuronas y neurotransmisores, programados por la evolución hace miles de años, no podemos evitar pensar que tiene vida propia, que es una especie de parásito taimado y astuto que está esperando al menor descuido para asaltarnos, toqueteando desgarbadamente por esas zonas de la memoria grabadas en nuestra infancia. Esos lugares donde guardamos aquélla vez que nos peleamos por un juguete o la imagen vívida de ese cuadro que había en casa y que nos producía un tremendo pavor. O, quizás, lo que sentimos la primera vez que una chica nos provocó un inesperado rubor, ese día que casi nos pilla nuestra madre con una revista erótica o aquella gamberrada que le endosamos a otro sin que se descubriera nunca nuestra culpabilidad. Es posible que ni siquiera tuvieran trascendencia, que sean recuerdos del día que encontramos un juguete en perfecto estado en la basura o de la sensación fría del agua el primer de playa.
Algo me hace sospechar que quizás, este raro y peligroso ser exista realmente. Es la única explicación lógica que se me ocurre para explicar cómo Lance Christian Hansen ha conseguido plasmar con tanta fidelidad los recuerdos de la infancia en No llores. No sé si son sus experiencias o las de un amigo, pero sí sé que esta historia de las vivencias infantiles de dos hermanos consigue evocar automáticamente nuestros propios recuerdos. Es como si Hansen hubiese logrado descifrar el lenguaje de este parásito de la memoria, que duerme también en nuestro cerebro, para comunicarse con él, directamente. Sus viñetas y textos deben ser esotéricos códigos que despiertan a ese durmiente que llevamos dentro y que le obligan a estimular aquellos recuerdos que creíamos olvidados, convirtiéndonos en meras marionetas de nuestro pasado.
Dice Lance Hansen que quería escribir sobre personajes que pensaran y actuaran como niños reales. Ha fracasado. Ha creado personajes que no son reales. Son mucho más, son la esencia pura de la niñez.
Un álbum precioso.
Valoración: (3.5)
(0): Malo, (1): Aprobado, legible. (2): Bien, aspectos interesantes. (3): Notable, interesante.(4): Excelente. Muy bueno. (5): Obra Maestra.
Ficha técnica:
No llores, de Lance C. Hansen. Diábolo Ediciones. 56 págs. BN. PVP:11.95€

Totalmente de acuerdo contigo Álvaro. De las cosas que he leído que más me han dejado tocado. El autor consigue con pocas páginas tocarnos esa fibra sensible que creíamos ya desaparecida. Me hace pensar en otras obras similares que con 200 páginas más no transmiten tanto.
Publicado por: Miguel Antón | 10/05/2007 10:27:18
No lo he leído pero por lo que cuentas advierto de qué pie cojea: Línea Blanda.
Publicado por: El Juan Pérez | 13/05/2007 19:51:20