ATENCIÓN: esta reseña contiene información que puede desvelar partes de la trama de la obra.
«Acepte mis disculpas Sr. Hernández. Estaba yo poco motivado para leer este Pereza que publicó usted con Vertigo, debo reconocérselo. Más que nada, porque sus anteriores obras no me habían dejado un sabor de boca especialmente agradable. Estará usted conmigo en que su anterior colaboración para el sello adulto de la DC era…¿cómo decirlo sin que se moleste...? Un pelín confusa, dejémoslo así. Si a eso le sumamos que las últimas entregas de Palomar hacían añorar los comienzos de la serie, supongo que entenderá mi estúpido prejuicio hacia esta nueva obra. Pero una vez leída, le ruego perdone mi atrevimiento, que ya se sabe que suele ir unido a la ignorancia. Le felicito por haber hecho una obra tan maravillosa.
Atentamente, Álvaro»
Sí amigos y amigas, sí. Por mucho que se diga, los prejuicios son necesarios. En este mundo de tebeos inundando las estanterías de las librerías, si no los aplicásemos, ¿cómo seleccionaríamos? Cada uno los aplica, eso sí, según sus propios criterios, tan complejos en algunos casos que parecen antiguos ritos arcanos, tan simples en otros como el mecanismo del botijo. Pero su propia utilidad esconde su peligro: nos evitan pensar demasiado y logran muchas veces que perdamos por el camino algo que pudo ser increíble.
A mí casi me pasa con Pereza, la última obra de Gilbert Hernández. Pensando que su carrera ya estaba cuesta abajo, pensé que quizás pudiera ser prescindible de la lista de la compra. Sin embargo, gracias a la insistencia de mi –bendito- librero, cuando llegó el pedido de americano, Sloth (que así se llama en la lengua bárbara), cayó en mi bolsa.
Y qué pedazo de tebeo, señores, qué pedazo de tebeo.
El Beto se permite demostrarnos con una facilidad aplastante la relatividad absoluta de la vida, cómo el destino es tan sólo un espectáculo de marionetas donde los actores son intercambiables sin ningún problema. Caras, personalidades, aspiraciones, deseos, temores, odios, ilusiones… son sólo matices en un torrente que no puede ser detenido. Vistos muy de cerca, a cámara lenta, es posible que distingamos, con atención, uno de otro, pero en cuanto nos alejamos, vemos que no hay diferencia alguna. Para el Beto, ese torrente es la vida: imposible de parar.
Nos la muestra fijándose en tres jóvenes: Miguel, que acaba de salir de un coma, y sus amigos Lita y Romeo. Miguel, tras un año dormido, vive la vida a cámara lenta. La dificultad de sus movimientos se transmite a su percepción y se transforma en un testigo de excepción, que es capaz de detener es flujo por momentos y percibir todos sus matices. Apenas un segundo, pero lo justo para darse cuenta de que son simples y pequeños detalles. Como es habitual en las últimas obras de Hernández, los simbolismos se convierten en omnipresentes, permitiendo que su obra se transforme en un caleidoscopio, que cambia en cada nueva lectura.
Sin embargo, Pereza nos tiene reservada una increíble sorpresa: en un momento dado, Hernández cambia las marionetas de su espectáculo y la perspectiva de la obra cambia completamente. Deja de ser un drama sobre la juventud y sus problemas para salir del torrente. La realidad sigue allí, en las viñetas, pero hemos salido de ella para contemplarla desde otra perspectiva, más global. Nos damos cuenta entonces de lo relativo de los detalles, de la poca importancia de lo pequeño para ver, por primera vez, la totalidad de la vida. Y nos provoca un terrible sudor frío porque nos hace conscientes de lo aleatorio de nuestra existencia.
Afortunadamente, Beto nos dejará una puerta abierta. Un camino sin escribir que deberemos elegir si surcar o no. Una ligera esperanza para decidir si todo es un inmensa rueda donde el individuo no existe más que como un detalle insignificante o, si por el contrario, tiene un mínimo control sobre su propia existencia.
Una obra para leer y releer.
Valoración: (4)
(0): Malo. (1): Aprobado, legible. (2): Bien, aspectos interesantes. (3): Notable, interesante.(4): Excelente. Muy bueno. (5): Obra Maestra.
Ficha técnica
- Pereza, de Gilbert Hernandez. 128 págs. BN. Cartoné. Precio: 11,95 €
Más información, aquí.