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10 abril, 2007 - 08:41 - EP3

Expediente Excalibur

Ddt150_2 Los tebeos ya no son populares. Por lo menos tal y como se entendía este concepto en los años 50 en este país, con centeneras de colecciones de tebeos en los quioscos. Hoy el tebeo se encuentra resguardado en las librerías especializadas, muy lejos de ese contacto diario con el público. Sin embargo, si existe algo parecido a ese tebeo de consumo masivo de hace unas décadas son los tebeos de Bonelli. Las publicaciones de la editorial italiana tienen ese espíritu de tebeo de usar y tirar, sin más objetivo que conseguir que la gente pase un buen rato. Y lo hacen con tebeos hechos con oficio y calidad, que explotan los viejos recursos del best seller de toda la vida.

Por desgracia, en nuestro país la respuesta a estos tebeos nunca ha sido especialmente destacable, a años luz de las ventas de Italia, donde se cuentan por cientos de miles. Sin embargo, Aleta sigue emperrada en conseguir que estos tebeos triunfen en España y, tras casi dos años sacando puntualmente las colecciones de Martin Mystere, Dampyr, Dylan Dog y Nathan Never, prueba ahora un nuevo formato para los tebeos de Bonelli, próximo a la novela gráfica que tanto éxito está teniendo por estos lares. Expediente Excalibur reúne en un único volumen de más de 400 páginas dos historias largas de Martin Mystere firmadas por un equipo de lujo, sus creadores, Alfredo Castelli y Giancarlo Alessandrini, y con el eje común las leyendas artúricas que tan de moda están ahora. Y lo hacen sin prejuicios ni ambiciones, explotando lo esotérico como excusa para una entretenidísima ficción que no busca más que captar la atención del lector durante un rato. Castelli construye un relato de intriga que tiene los mismos ingredientes y recursos narrativos que las famosas novelas de Dan Brown, pero sin sus ínfulas de pseudocientifismo ni su escandalosa maniobra de marketing. El guionista cree en la inteligencia del lector y escribe un relato que la estimula con imaginación y oficio, ofreciendo una receta perfecta de ficción y evasión. Un tebeo recomendabilísimo para algo tan difícil hoy en día como entretenerse sin apelar al encefalograma plano.

Expediente Excalibur, de Castelli y Alesandrini. Formato: Rústica. 16 x 21 cm. 432 pág. B/N. PVP: 18€ Más información, en la web de Aleta

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Comentarios

Es que aquí nos hemos puesto de un culto...que no veas.
A lo mejor la culpa es de los críticos que sólo saben apreciar y hablar de un tipo de comics y mandan señales a los consumidores. Mira que si es eso.

¡pues casi que sí...!, eso que yo llamo integrismo gráfico, y del que hay mucho... demasiado. Sobre todo, teniendo en cuenta que el objetivo ha de ser llegar a esa inmensa mayoría que no leen narrativa gráfica, que no son analfabetos, y que apostaría mi colección de Corben, a que no son un público con tantos prejuicios. Seguramente encontrarán valores artísticos y culturales donde los intelectuales de este arte no los ven... porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Felicito a Álvaro por mirar más allá de lo aceptado como elevado. Yo he leído cantidad de obras de este estilo y encuentro mucha más calidad en ellas, que en otras que son elogiadas como elevadas. Bergman fue alabado en su época y ahora te tuestas con él ( antes también, pero era muy "intelectual", y claro..., ya se sabe.)
Un saludo.

La pena es que una de las historias aparezca en el formato internacional bastante aligerada de páginas...

Javier: El problema es que parece que aceptamos de forma automática que entretenimiento significa "descerebrado". Yo creo que hoy en día confundimos con demasiada frecuencia el concepto de entretenimiento con algo que, por desgracia, ofende la inteligencia del lector/espectador. Estamos tarsladando a la cultura el concepto de comida basura, pero parece que, por el simple hecho de que "alimente" tenga que ser considerado como un plato de alta gastronomía.
Siguiendo con la equivalencia entre el entretenimiento y la manduca, yo diría que este Martin Mystere es un excelente plato casero, de esos sin estridencias, pero que te dejan ahíto y satisfecho. Y eso, creo es lo mínimo que hay que exigir. Por desgracia, cada vez más me encunetro productos de entretenimiento que son sonrojantes, que no le llegan a esta obra (por poner un ejemplo) ni a la suela del zapato. Y resulta que si denuncio eso, soy un gafapasta que defiende "intereses elitistas"...
Servidor es de los que se lo pasa bomba con los Showcases de DC y con estos tebeos de Bonelli, porque creo que son entretenimientos que no insultan, que buscan que el lector pase un buen rato apelando a la inteligencia.

¡Pues totalmente de acuerdo, hombre!
Esto me recuerda una conversación que ví grabada del descanso de un rodaje entre Kirk Douglas y Burt Lancaster. Kirk decía que el fin del cine era sólo entretener y Lancaster que sí, que estaba de acuerdo, pero si se podía al mismo tiempo hacer pensar y/o transmitir cultura era mejor, a lo que Douglas espetaba que no, qué mejor concentrarse en hacer que la gente se olvidara de los problemas en el cine.
Vale, pues yo estoy con Lancaster, mejor todo junto, porque sino vamos a acabar todos planos.
Ahora bien, estar con ese razonamiento implica comprender que para que la mayoría disfrute con una obra que transmita, hace falta que la entienda y que se entretenga. A mí me enloquecen 2001, Solaris, El Angel exterminador, Azul, en fin. muchas, pero no creo que sea ese el camino para llevar al gran público al cine, seguramente será mejor Blade Runner, o El Planeta de los Simios (ojo, la primera y original) que transmiten conceptos similares pero con un estilo más asequible.
¿Qué realación tiene esto con la narrativa gráfica y el elitismo?, Pues que crítica especializada y los "entendidos" están sobrevalorando, a mi modesto entender, un tipo de obras, e infravalorando otras, un tipo de narratíva en perjuicio de otras, o un estilo de dibujo en detrimento de otro. Pues que cada vez que les pongo por delante ejemplos de esto a quien no es un friky, prefieren el que no es elitista, bien porque les parece mejor realizado, porque encuentran elementos en el guión con base histórica o porque muestran personajes más fácilmente comprensibles... y no voy a entrar en detalles, que por eso prefiero poner ejemplos cinematográficos. En suma, que los que aprecia la crítica, la gente a la que tendríamos que llegar, no lo compraría. Pues sin público de consumo estamos muertos. Y esto que voy a escribir ahora va a rechinar, pero... si recomendamos a alguien enpezar en los cómics y ensalzamos a Guido Crepax, creo que fracasaremos, si por el contrario lo hacemos con Segrelles, encontrán valores que la élite no aprecia. Más adelante puede que acaben leyendo a Crepax, cuando se les quede corto lo demás.
Y ya he puesto ejemplos gráficos, que es algo que no me gusta hacer.
Igual no estas de acuerdo, pero si ventas no hay arte... ¿o no?
Un saludo.

Completamente de acuerdo javier...excepto en una cosa: no me pongas de ejemplo a Segrelles, que es la antítesis de la narrativa gráfica... :)
Ponme a cualquier dibujante de Bonelli, a Kirby, a Alan Davis...

Estimado Álvaro,
Primero disculparme porque, la cuestión de introducir el binomio Crepax VS Segrelles, ha sido una pequeña celada, eso sí, bien intencionada, para llegar al fundamento del conflicto. Y sabía que entrarías al trapo. Esto por delante.

Eso de no me nombres a Segrelles, me a sonado a eso de “no los llames tebeos por favor”…

¿Porqué una figura de la talla de Segrelles es denostada en su propio país por los eruditos de este arte…?, yo no alcanzo a comprenderlo. Máxime cuando su obra ha sido en extremo apreciada y comprada por lectores de todo el mundo, incluso ensalzada por hombres de la cultura como Fellini, que de narrar historias y secuenciar algo sabía.

Sí, la narrativa de Segrelles es básica, primordial, sin alardes. No arriesga, cuenta sus historias con la estructura de historias contadas décadas antes, sí. Está bien, dónde flaquea no intenta aventuras. Los caracteres de sus chicas son todos parecidos, los personajes son estereotipos pasados en el tiempo, muy clásicos. Sí, pero quizá como mucho, yo sólo diría que es muy básico, simple. Vale, pero… contraponiéndose a esto está, su recreación visual y pictórica de ese mundo medieval, donde guerreros y dragones se elevan sobre ciudades perfectamente recreadas, sobre mares que te dejan sabor a sal en la boca al pasar las páginas. Una técnica pictórica, que sólo cuando se ha cogido un pincel en la mano, se puede dar uno cuenta de la maestría y dominio del color. Hacer ilustración y hacer pintura no es lo mismo. Muy pocos ilustradores dominan el concepto de la complementariedad del color para llegar la armonía tonal de Segrelles.

¡Pero eso no es historieta, es pintura!, me dirás. ¡Pues no!, es narrativa gráfica, donde se sacrifican y simplifican unos valores para magnificar otros, y es tan respetable como todas las demás. Y tiene algunos valores que la elevan a la categoría de arte, y esos mismos valores, han sido y son puntas de lanza de un tipo de plástica narrativa, que muchos, aunque quisieran, no podrían ni siquiera imitar. ¿Acaso Jenoraton no era bueno?, ¿Civiello?, ¿ el Drácula de Fernando Fernández no era bueno?, ¿Luis García? o actualmente ¿Alex Ross?.
Son maestros, apreciados por los no entendidos una y otra vez que se los muestro, y demostrándolo en sus diferentes épocas con su ventas.
Entonces, ¿porqué los “entendidos” los denostan, acusándolos de una mala narrativa, cuando parece que el publico los entiende muy bien y aprecia su arte?

Es para mí un enigma que sólo parece tener una explicación: “el integrismo gráfico”, el dogma, sólo el dibujo esbozado e expresivo, sólo el color suelto es acertado, sólo los personajes delineados son dinámicos, sólo las historias melodramáticas o de crítica explícita son intelectuales.

Y sin embargo, yo veo continuamente obras USA de prestigiados como Kirkman, que replican viñetas una y otra vez con la excusa del tiempo narrativo y la secuencia dramática, o diálogos Bendis de bocadillos en cascada con la misma excusa, cuando en realidad están llenando páginas para cumplir con los tiempos y la producción, ¿Es eso honesto, es mejor narrativa que la de “El Mercenario”?
Y también Europeas, y hasta españolas muy ensalzadas que resuelven páginas y dibujos no te digo como, pero de esas no hablaré, por respeto a los artistas en cuestión.

Dicho esto, tengo que señalar que para mí la quintaesencia de la narrativa gráfica es, ha sido, y probablemente será por mucho tiempo, Richard Corben.
A Segrelles lo he mentado a sabiendas de que es el ejemplo más difícil de defender frente a los “eruditos”, pero por eso lo he hecho.

Un afectuoso saludo Álvaro, y perdona por la extensión, pero casi ha sido una declaración de intenciones.

A ver Javier, no es una cuetsión de estilo pintado o no, sino de calidad narrativa y, evidentemente, de calidad de la historia. No voy a discutir las excelencias como ilustrador de Segrelles. Es uno de los grandes y de los mejores que servidor recuerde. Sin discusión. Pero como historietista me parece muy limitado, a años luz de Richard Corben, a quien también citas. También me parece muy limitado Jeronaton (más que Segrelles incluso). Son en general autores (y a Ross le pasa lo mismo) que sacrifican la narración por la pose ilustradora. Y eso hace que su narración gráfica se resienta. Es historieta, indudbalemente, pero no se puede comparar la fuerza narrativa de Corben con la de estos tres autores. Y, si me apuras, el estilo gráfico de Corben (Bloodstar, Den o Mundo Mutante) es mucho más recargado. Hay otros autores que también pintan o y son excelentes. El caso de Alberto Breccia, por ejemplo (lo siento, pero el Drácula de Fernandez también me parece muy flojito, sobre todo en su segunda y paresurada mitad), Scott Hampton, Dave Cooper, Bill Sienkiewickz, Tin Conrad... autores que pintan pero dotan a sus historias de una secuencialidad muy superior.
Yo creo que el problema de los autores que pintan es que vuelcan un exceso de magistralidad ilustradora sobre la viñeta y olvidan el movimiento, la secuencia. Cuando ves una página de Corben, sientes la fuerza, el dinamismo, la violencia y, además, cada viñeta es un prodigio de técnica. Cuando ves una viñeta de Segrelles, ves un prodigio de técnica, pero no lo otro. Yo creo que ése es el gran error de los autores que siguen esa escuela. Volcarse en exceso en la calidad ilustradora de la viñeta (que no se debe obviar) antes de estudiar la secuencialidad y dinamismo. Es una cuestión de orden de factores, sin que eso disminuya un mínimo su calidad.
Vuelvo a poner el caso de Corben, paradigmático. Su puesta en escena es milimétrica, su composición, genial. De hecho, es imposible no sentirse arrastrado en la lectura de una obra de este autor. Y después, tienes que volver a recrearte en cada viñeta. Con Ross, por ejemplo, te recreas en cada viñeta y te da igual la historia. Y aquí es donde encuentro el problema.
Un tebeo tiene que transmitir una historia (sea ésta la que sea). Si el lector se olvida de la historia y se queda mirando los dibujos aislados, está mirando un álbum de cromos, no una historieta.

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