Abra usted Maldiciones, el álbum de Kevin Huizenga recientemente editado por La Cúpula (en forma exquisita, añado). Hojéelo. Pausadamente. Pase las páginas y échele un vistazo. ¿Qué tipo de tebeo cree que es?
Es posible que, a primera vista, la respuesta sea: un “slice of life”, es decir un tebeo autobiográfico o costumbrista.
Respuesta lógica, pero profundamente errónea, demostrando que lo de las etiquetas es una especie de cajón de sastre donde todo cabe y, sobre todo que los prejuicios nos pueden hacer perder una lectura fundamental. Hoy, para muchos lectores, cualquier autor americano independiente que muestre a dos personajes dialogando es clasificado como costumbrista. Y muchos los son, es verdad, pero Huizenga no, es un francotirador de la realidad, que parte de ella y pervierte a su deseo. Las historias incluidas en «Maldiciones» son un perfecto ejemplo de esta capacidad: historias que parten de leyendas sobrenaturales o de una anécdota personal para buscar atajos distintos para llegar a su objetivo. Si la imposibilidad de tener hijos podría dar páginas y páginas de profunda reflexión sobre la paternidad para muchos autores, para Huizenga es la clave de una leyenda mitológica puesta al día, en la que el problema es una maldición que obliga a buscar a un terrible ogro que se esconde en el barrio asustando a la vecindad. Pero si original es su aproximación argumental, más interesante todavía es su planteamiento formal. Huizenga estudia la narrativa adecuada para cada historia y es capaz de asumir influencias que van desde Scout McCloud (del que toma su estructura documental) hasta Ware, Seth o incluso Floyd Gottfredson (con homenaje a una de las historietas más brillantes de Mickey Mouse), en una serie de experimentos narrativos que transforman cada historieta. Lo que aparentemente es una partida de golf termina siendo una profunda reflexión teológica, lo que parece una historia de fantasmas es en el fondo una anécdota autobiográfica. Un juego de apariencias que deja al lector descolocado e intrigado, sorprendido a cada paso que da el autor.
Un álbum recomendabilísimo.
Ficha técnica: Maldiciones, de Kevin Huizenga. 148 págs. Color y bitono. 25€
Más información, en la web de La Cúpula.

Tony Milloinaire es un absoluto desconocido para el lector español. Tiene el dudoso honor de pertenecer a una casta de autores (¡ay! uno de los otros es mi admirado Jim Woodring) malditos que parecen producir repelús a los editores, seguros de su absoluta falta de comercialidad, condenándolos a la ignorancia del lector.
A primera vista, se podría pensar que en Sócrates el semiperro Sfar se copia a sí mismo dando voz a un perro tras habérsela dado a un felino en El gato del Rabino, en una especie de justicia universal entre las especies domésticas. Y es verdad, en cierta medida, que el francés retoma el recurso del animal parlante para contar su historia, pero las coincidencias entre las dos series acaban ahí, ya que mientras una parte de una profunda y brillante reflexión sobre las religiones, aquí el Sfar se torna más intimista y nos trae sus pensamientos y meditaciones sobre el amor. Más concretamente sobre los mecanismos de la seducción y el enamoramiento, sobre los tópicos de las relaciones entre hombre y mujeres. Sfar, acompañado esta vez del siempre estimulante Blain a los lápices, abandona su interés sobre la sensualidad y la sexualidad que mostrara en Pascin para entrar en una especie de análisis antropológico de los comportamientos amorosos. Pero Sfar no es Desmond Morris, así que decide dejar de lado la rigurosidad científica del británico para crear, como ya es habitual en él, su propio universo. Necesitado de símbolos que le permitan idealizar su reflexión, se fija en todo un icono de la hombría, el semidios griego Heracles, hijo de Zeus y dotado de una incomensurable fuerza, sinónimo evidente de masculinidad, que es acompañado de un fiel perro que tomará el papel de narrador, de ojos de Sfar para estudiar el comportamiento de los hombres con las mujeres a través de la musculosa idealización. Una idea excelente para desarrollar un ensayo atípico pero muy sugerente, que nos lleva con una eficaz sencillez a las tesis que quiere desarrollar el guionista, siempre perfectamente flanqueado por un dibujante que entiende a la perfección su papel de cámara de este inusual documental en viñetas sobre el comportamiento humano.
No tengo yo muy claro que Ed Brubaker sea un buen guionista para el género de superhéroes, pero afirmo con rotundidad es un excelente escritor de género negro. Si con Gotham Central o Sleeper ha demostrado tomar como referencia a los superhéroes
¿Qué es La Voluptuosidad? Según el diccionario, es la complacencia de los deleites sensuales,
una definición simple, pero que para Blutch esconde misterios insondables:
¿Cómo se complacen? ¿Cuál es el mecanismo íntimo del ser humano que define el
placer y su satisfacción?