Todo al negro
El género de superhéroes, como todo género afectado por la masiva producción industrial, está siempre necesitado de mentes que se atrevan a saltarse los esquemas preconcebidos para poder avanzar. Es una carencia que no es propia de este género ni de los tebeos, sino que ha ocurrid (y ocurre) con el western, la ciencia-ficción o el terror, tanto en literatura como en el cine, en una especie de constante eterna transgenérica que viene motivada por la facilidad con la que la industria se anquilosa en estructuras repetitivas a poco que una funcione. Una perversión, si se quiere, fruto de la esquizofrénica dualidad arte/industria que afecta a todas las expresiones culturales en la actualidad.
En los 80 y principios de los 90, la nueva generación de guionistas ingleses (con autores como Alan Moore o Neil Gaiman a la cabeza) fueron capaces de quitarse de encima los arneses y lanzarse al vacío sin red, saltándose las normas y demostrando que no era el género de superhéroes el que no funcionaba, sino los autores que se acercaban a él con miedo a mover lo establecido.
Una revolución ilusionante, pero que pronto fue fagocitada, como es habitual, por la industria, necesitada de un ritmo de producción acelerado en el que era difícil encontrar nuevos nombres que intentasen romper el yugo de la tradición.
Afortunadamente, cuando parecía que no habría ningún autor destinado a volver a levantar esa llama, apareció el nombre Ed Brubaker. Un guionista que se formó en las líneas independientes con obras dibujadas por él mismo como Lowlife (publicada en España GROC Cómics) y que pasó pronto al mainstream, sorprendiendo en 1999 con uno de los tebeos de género negro más sólidos que se recuerde: La escena del Crimen (publicada en España por Norma), donde con la ayuda de Michael Lark y Sean Philips firmaba una recuperación del thriller clásico, a años luz de los intentos literarios y cinematográficos. Un excelente tebeo que le abrió las puertas de personajes de peso en la editorial, como Catwoman, una serie olvidada que reconvierte brillantemente en un tebeo de género negro vibrante, que consigue ampliar el concepto de superhéroe con los esquemas del relato policiaco sin perder ni un ápice del respeto hacia las definiciones básicas del género. Brubaker
Pero lo mejor estaba por venir porque, paralelamente, Brubaker guionizó para la editorial Image una pequeña miniserie de cinco números, Point Blank, que en teoría era tan sólo la excusa para introducir un personaje de creación propia.
¡Y menuda excusa! Brubaker toma un personaje de segunda olvidado, Grifter, un superhéroe que pertenecía a los WildC.A.T.S., el grupo estrella de esta editorial especializada en vender efectos especiales absolutamente vacuos y se atreve, además, a hacer uso de situaciones y personajes planteados en la corta, pero interesante, estancia del genio de Alan Moore en esta serie para construir una intriga de libro, una sobresaliente trama de espías en la que nada es lo que parece, en la que el engaño y la mentira son la única constante. Un juego de manos milimétrico, en el que Brubaker consigue además poner a punto todas las piezas para unaa partida de ajedrez, dando las pistas necesarias para conocer a los personajes, generando las bases de toda una compleja historia que se van construyendo ante los ojos del lector con retazos, rumores y pinceladas bastas. Las justas para que la curiosidad se avive y el lector precise pasar de página. Una tarea nada fácil porque, además, debe poner en antecedentes de acontecimientos previos, de personajes que deberían ser desconocidos para aquél que se acerca por primera vez a la serie.
Pero pese a lo arriesgado del trabajo, el resultado es, sencillamente, espectacular. Brubaker consigue que Point Blank sea un juego de espejos magistral, cuidado, que se lee con avidez, sin que apenas nos percatemos de las trampas por las que nos dirige, todas perfectamente sincronizadas para dejarnos abandonados en esa cinta de Mobius sin final que sólo tendrá una salida: su serie Sleeper.
Un excelente tebeo que, además, cuenta con el inestimable trabajo gráfico de Colin Wilson, un dibujante de la escuela de Jean Giraud (no en vano es el dibujante de una de las series de Blueberry) que da la atmósfera y ritmo perfectos a la serie.
Point Blank acaba de ser editado en tomo recopilatorio en nuestro país por la editorial Norma, que comenzará a publicar la indispensable Sleeper a partir del próximo mes.

En mi opinión Brubaker, más que un rupturista genial en la estela de Moore, es un inteligente guionista todoterreno, ideal para cualquier trabajo de encargo, que realizará con más solidez e inteligencia que el 90% de sus compañeros de editorial. Así, suele enmarcar sus obra dentro de géneros bien codificados, y siempre se muestra conocedor de sus entresijos (sea superhéroes, espías, noir o lo que toque), sabio argumentista, y apuesta segura si uno quiere leer un buen tebeo, entretenido, quizá no una ruptura, ni una propuesta estética novedosa, pero nunca vacuo.
No conozco este Point Black, pero seguro que está en estos paráetros.
Y pronto, creo, se hará cargo (en España, digo) de Daredevil, con lápices de su mejor "brazo": Michael Lark.
Publicado por: señor punch | 15/01/2007 12:36:57
Completamente de acuerdo contigo. Justamente me lo lei este fin de semana y no me esperaba mucho de el. Pero me sorprendio muy gratamente. A destacar sobre todo el final, genial. Espero q Sleeper llege pronto.
Publicado por: G@mbito | 15/01/2007 15:35:27