Música hecha viñetas
Señor Sfar: me descubro. Creía yo que, pese a mi pasión absoluta por la historieta, ésta tenía en el fondo algunas limitaciones, aquellas que marcan los sentidos que usamos para disfrutarla. Así, pensaba, podríamos degustar en las viñetas todo aquello que pueda entrar por nuestros ojos, pero estaríamos siempre condenados a un mundo silencioso de colores e impresiones.
Pero no contaba con este monstruo de la naturaleza comiquera que es Sfar. No tuve la suficiente intuición como para prever que Sfar piensa y siente en viñetas, que sus sentidos son transformados a una secuencia gráfica para que su cerebro pueda procesarla y plasmarla casi automáticamente en papel, mediante alguna extraña conexión neuronal que nos es ajena al resto de los mortales.
Y gracias a ella, en Klezmer (Norma Editorial) consigue lo imposible: que viñetas, dibujos, letras y colores compongan música en nuestros cerebros por algún extraño sortilegio. Esta historia de músicos judíos que tocan la improvisada música klezmer es una especie de prodigio que va más allá de la explicación científica. Cuando comenzamos a leer, los “bom,bom chilibilibili” nos provocan un risa malévola, maledicente. Pensamos “este Sfar ha metido la pata hasta arriba, menuda ridiculez, si estaba claro que era imposible que una melodía se pudiese dibujar”. Y, engañados, seguimos leyendo con sonrisa de superioridad, sin darnos cuenta de que la combinación de colores, de ritmos y de palabras ha comenzado ya su labor, agazapada, oculta, arrastrándose por nuestros lóbulos, escondiéndose en los pliegues del cerebro para que, de repente, sin apenas ser conscientes, una cantinela comience a resonar por nuestra cabeza. Primero es apenas un rumor, pero pronto el ritmo improvisado y frenético de la música nos contagia, nos impele y nos acompaña en toda la lectura. Una experiencia onírica quizás, pero cuando cerramos el libro tenemos la absoluta seguridad de haber escuchado la música, de haber acompañado la medlodía tamborileando con los dedos al leer el tebeo.
Pero es que, además, Sfar vuelve a caminar por los senderos de la religión judíacomo hizo en la magistral El Gato del Rabino, en forma distinta, pero complementaria, que igual lleva a reflexiones brillantes, lúcidas, que permiten conocer las peculiaridades de esta cultura. Todo ello envuelto con la impecable edición de Norma.
Indispensable. (Como siempre, lo que me lleva a pensar que es muy fácil hacer reseñas de las obras de este autor. Basta con escribir: “Es de Sfar”, y ya está todo dicho).

eso del tebeo musical está muy bien, pero si te lo lees escuchando a la Amsterdam Klezmer Band mejor que mejor.
y esperad el segundo que incluso lo supera contando únicamente una fiesta de despedida. hoy por hoy lo mejor de la BD.
Publicado por: zepequeno | 15/01/2007 15:01:58
Suscribo al 100 % los comentarios de Alvaro , me ha parecido un tebeo fascinante , con muchos puntos en contacto con "El gato del rabino ", para mí su mejor trabajo hasta ahora. Incluso consigue que nos caigan simpáticos los judíos, algo francamente difícil si se considera lo que están haciendo con los palestinos.
Las paginas finales son unos textos manuscritos que nos descubren a Sfar como un hombre cultivado , inteligente y progresista . Yo siempre he pensado que el artista ( cineasta, `pintor o dibujante de comics ) debe tener una sólida base cultural para que sus obras merezcan la pena . Ejemplo en positivo, Berlanga; en negativo, Almodóvar .
Mencionar que, en la foto que aparece, se ve al dibujante con un gato que, sin duda, debió de servirle de modelo para el que aparece en el rabino, porque es idéntico ...
Publicado por: luchino | 02/02/2007 13:45:11