A Alan Moore no le gustan los tebeos de superhéroes... de los 90. No es una hipótesis o una especulación, lo dejó claro en El día del Juicio, una miniserie de Image (publicada en España por Aleta) en la que el inglés ponía en la picota el devenir que el género había comenzado, paradójicamente, tras su Watchmen, y que había convertido a los otrora luminosos héroes en antihéroes asociales e hiperviolentos, amargados enpijamados que odiaban a los humanos y que se arrastraban por la páginas de los tebeos en las más oscuras y depravadas aventuras.
A Moore lo que le gusta es ese punto vitalista y alegre del género en los años 40 y 50, descompletado, que reivindica el gozo de leer un tebeo sin más razón que entretenerse durante un rato, sin la necesidad de ocultarse tras pretendidas ambiciones vacuas.
Y visto que no encontraba lo que buscaba, decidió crearse un tebeo a su medida. Es más, lo que hizo fue crear todo un universo según sus criterios, denominado muy apropiadamente American Best Comics, un sello que comenzaría con Tom Strong, un héroe hecho a imagen y semejanza de Doc Savage, pero con reminiscencias del pulp y de los superhéroes clásicos (con Superman a la cabeza). El primer episodio de la serie es toda una declaración de intenciones, que muestra a un niño que recibe el primer número de un tebeo del mismo título (acompañado del carnet de socio, pegatinas, etc) y que disfruta durante todo el episodio ajeno por completo a lo que ocurre a su alrededor. Moore presenta a su personaje con un magistral ejercicio metalingüístico autoreferencial, jugando con los hitos del género mientras manifiesta su pasión por los tebeos. Quiere que el lector se convierta en ese niño, que entre en ese estado de “suspensión de la incredulidad” del adulto para disfrutar plenamente de la aventura y de la fantasía sin eufemismos ni imposiciones.
Y vaya si lo consigue. A partir de ese primer episodio, Moore despliega todo un abanico de imaginación que no esconde la deuda con la ciencia-ficción y la fantasía más clásicas, enfrentando a su héroe con terribles maldiciones, complejos organismos e incluso sectas neonazis, siempre desde el más escrupuloso respeto a la tradición del cuento, pero con la habilidad e inteligencia suficiente como para saber esconder mensajes para un adulto. En una pirueta genial, Moore es capaz de articular dos niveles de lectura tan distantes como complementarios: por un lado, el entretenimiento y la aventura puros, por otro, la reflexión sobre el propio mecanismo de la fantasía y su historia, que permite al lector pasar un excelente rato disfrutando como un crío o buceando por la oleada de referentes que invaden las páginas de Tom Strong.
Un tebeo de obligatoria lectura, que siendo excelente, se queda pequeño frente a las maravillas de sus compañeras de viaje: Promethea, Top Ten y Tomorrow Stories.
A destacar la cuidadísima edición de Norma.

En el magistral Ciclo de Hong-Kong de Los Innombrables, Yann y Conrad crearon a Alix, una asesina profesional con tanto potencial que no pudieron sustraerse a darle una serie propia. Ahora que acaba de iniciar la publicación de la “serie madre”,
Hoy comienza en la pequeña ciudad francesa de Angoulême la que se puede calificar como la cita más importante del tebeo europeo. El
Ayer mismo llegaba a las librerías especializadas el primer volumen recopilatorio del
Una de los formatos más propios y característicos del tebeo independiente americano es lo que podríamos denominar como el “comic-book” de autor. Un tipo de publicación que nace, generalmente, desde la autoedición, en el que un autor (o unos pocos, dos, tres como máximo) plasma sus inquietudes y experimentos sin ningún tipo de control. En la mayoría de los casos, este tipo de ediciones sin periodicidad definida fueron absorbidas a posteriori por editoriales que, en algunos casos, se han especializado en cierta medida en ella. Una tradición que comienza con las publicaciones de Robert Crumb o los hermanos Hernández y que alcanza un momento espectacular a finales de los 80 y principios de los 90, con colecciones tan famosas como Eightball de Daniel Clowes, Hate de Peter Bagge, Yummy Fur de Chester Brown, Peepshow de Joe Matt, Palooka Ville de Seth, Optic Nerve de Adrian Tomine o el Acme Novelty Library de Chris Ware, por poner sólo algunos ejemplos de una fecunda y prolífica tradición que hoy en día sigue con tremenda vitalidad. En estas colecciones, los autores mantienen series (que en muchos casos han sido recopiladas posteriormente en formato libro) donde la única norma es la absoluta libertad. Con bastantes años de retraso, esta modalidad de edición se ha comenzado a extender en nuestro país, inicialmente con las propuestas de Fermín Solís (Las pelusas de mi ombligo, Dolmen) y Sergio Córdoba (Malas tierras, Astiberri). Contenedores de ideas donde es posible encontrar desde un chiste hasta una sesuda reflexión, pasando por todo tipo de invenciones e ideas que le vengan al autor. Siguiendo esta línea de publicación, llega ahora Tangaroa, una publicación del sello Siurell de la editorial Dolmen en la que Guillem March, Jaime Herrera y Guillem Dols dan rienda suelta a su creatividad, con historias que van desde la parodia de «El hombre que secuestró a Jordi Labanda», «Eiga» o «Little Barton» a historias de corte más introspectivo como «Paraíso», en las que sus autores buscan experimentar con todo tipo de formatos y posibilidades. Los resultados pueden ser irregulares, pero estos cotos de libertad absoluta para el creador suelen ser terreno abonado para que aparezcan pequeñas joyas del noveno arte, con lo que no estará de más seguir la hawaiana propuesta de estos autores.
Y de nuevo una década después, Marvel decidió que era el momento de retomar a su verdoso personaje, esta vez con Dan Slott a los guiones y Juan Bobillo a los lápices, que decidieron, con mucha inteligencia, potenciar ese aspecto humorístico de la serie. Slott
La próxima edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona promete ser una de las más interesantes de la ya longeva vida de esta cita, la más importante de nuestro país, con cambios importantes para celebrar las bodas de plata del evento. En primer lugar, este año se celebrará del 19 al 22 de Abril, dejando el incómodo mes de Junio de las dos últimas ediciones y que, en principio, permitirá una fundamental sinergia con los actos del día del libro y Sant Jordi (23 de Abril), la gran fiesta del libro. Y, en segundo lugar, cambio de ubicación, ocupando ahora el pabellón ocho de la Fira de Barcelona, mucho más grande y que permitirá multiplicar las actividades paralelas del Salón.
Si hace poco hablaba de la posible adaptación de Tintín al cine, toca hablar ahora de otro clásico del tebeo que podría ver la luz en imagen real, esta vez como serie de TV. Según se comenta en
Y es que, sin duda, Flash Gordon es el arquetipo perfecto de tebeo de ciencia-ficción. Alex Raymond creó un icono del género, basado en una historias simples, que leídas hoy parecen unos argumentos quizás demasiado envejecidos, pero que conservan la increíble fuerza de su dibujo, elegante, majestuoso, espectacular en muchos momentos. Una serie por la que pasaron muchos dibujante y que conoció una segunda juventud en
Claro que siempre que hay una norma, aparece un pequeño pueblo galo emperrado en no rendirse y rebelarse contra su destino. Y nuestro pequeño pueblo de irreductibles recibe esta vez el nombre de dibbuks, una pequeña editorial madrileña que se ha liado la manta la cabeza y desoyendo los sabios consejos de todo el mundo ha decidido embarcarse en lo que parece una empresa imposible: recuperar el formato revista.
En Japón, claro, donde acaba de aparecer