Sin duda alguna, el 2006 pasará a la historieta del tebeo español como el año de la instauración del Premio Nacional de Cómic. A raíz de una iniciativa surgida desde Mallorca gracias a Pep Bernales (secretario de cultura de la Federación Socialista de Mallorca) y Joan Miquel Morey (presidente de la Asociación de Amigos y Víctimas del Cómic), Carme Chacón presentó el 4 de Abril una Proposición No de Ley para la creación del Premio Nacional de Cómic. Una propuesta aprobada por unanimidad de los grupos parlamentarios (aunque parezca increíble) y en la que se instó al gobierno a crear una comisión parlamentaria que estudiase los problemas de la historieta en nuestro país.
Lo que en otras artes es sencillamente un trámite lógico, una pura formalidad, en el mundo del tebeo se ha convertido en una especie de revulsivo que puede y debe tener muchísimas consecuencias.
La primera, y más evidente, es que el tebeo se pone de largo. Tanto como medio de comunicación como arte o forma cultural, cualquiera que sea la calificación que se le quiera dar, la historieta pasa a hablarse de tú a tú con el resto de las artes, adquiriendo un reconocimiento “oficial” que todos aquellos que amamos la historieta reivindicamos desde hace décadas.
Pero que nadie piense que ha sido labor de un día ni una afortunada coincidencia o inspiración. Llegar a este punto es el resultado de un largo camino, en el que todos los aficionados al tebeo hemos puesto de una manera u otra nuestro granito de arena para ir formando una montaña que, tras años, comienza a ser visible y a requerir atención del resto del mundo.
Pero hay más consecuencias, sobre todo en un nivel más industrial. La reunión de diputados de la Comisión de Cultura del Congreso con un grupo de editores, autores, libreros y críticos en el Salón del Cómic de Barcelona, evidenció la necesidad de organización que precisa el mundo del tebeo a todos los niveles. Para contestar a los requerimientos del Congreso, las partes implicadas deben dejarse las rencillas y la competencia en la puerta para articularse de forma corporativa eficaz, para que las partes implicadas en la industria y creación del tebeo tomen las riendas de su profesión. Autores, editores, libreros y distribuidores, los distintos eslabones de la cadena que ponen un tebeo en las manos del lector, tienen ahora sobre su tejado la necesidad de organizarse claramente para poder reivindicar sus necesidades con una voz única.
El Premio Nacional de Cómic ha ilusionado al sector como pocas veces se ha visto, sería una verdadera desgracia que se dejase pasar esta oportunidad para conseguir una sinergia real de esfuerzos en defensa de eso que tanto amamos, los tebeos.
Pero si tuviéramos que buscar un sustantivo para este 2006, quizás el más apropiado sería el de “normalización”. El Premio Nacional de Cómic ha sido tan sólo la punta de un iceberg arrollador que está teniendo como resultado la apreciación del tebeo en toda su extensión. El tebeo ha comenzado a salir del gueto y a aparecer en los medios de comunicación con un tratamiento que ya no es anecdótico, sino considerándolo y apreciándolo en su medida. Ya no es esa tontería para niños graciosa y que da para rellenar algún hueco del diario o de la programación. Es algo serio y que precisa atención informativa. Cada vez más, los diarios nacionales tienen secciones dedicadas al cómic o le dedican un espacio en sus apartados de cultura; hay programas de radio dedicados a la historieta, aparece en programas televisivos…
Una situación que, a mi entender, viene además provocada por un hecho incontestable: el tebeo se vende más. Pese a que las tiradas son exiguas y la situación no es como para echar campanas al vuelo, hay síntomas inequívocos de una recuperación del mercado, comandada con fuerza por el manga, el gran motor de la industria en este momento. Con casi un centenar de títulos en las estanterías de las librerías especializadas, el tebeo japonés ha protagonizado una explosión silenciosa, muy alejada del falso boom que vivió en los 90 al amparo del éxito de Dragon Ball. Lo que tenemos ahora es el resultado de un crecimiento lento y continuado, estable y firmemente asentado en una base de ventas creciente. No extraña a nadie saber que los tebeos más vendidos en España son mangas como Naruto, Bleach o Death Note, con cifras de ventas que hacen palidecer a cualquier otro tebeo. Cierto es que no es oro todo lo que reluce, pero no se puede obviar que, hoy por hoy, la subsistencia del entramado industrial de la historieta se basa en el manga, que ha tenido además, dos efectos tremendamente beneficiosos: primero, abrir el tebeo al mercado femenino, tradicionalmente alejado de la historieta. Segundo, volver a atraer a un público infantil y juvenil que estaba cambiando los tebeos de toda la vida por otras opciones de ocio más atractivas como la televisión y los videojuegos. Los continuados lamentos de la industria y los autores sobre el alejamiento de los niños de los tebeos ha encontrado respuesta, además, en un hecho incontestable: el fenómeno Witch, que ha demostrado que el problema no eran los niños y niñas, que sí que quieren leer tebeos, sino una industria que no sabía qué era lo que querían.
A esta recuperación del mercado infantil y juvenil hay que añadir el éxito creciente de la llamada “novela gráfica”. Un triste eufemismo para no llamar tebeo a lo que es un tebeo, pero que ha favorecido la entrada de la historieta en canales de distribución tradicionalmente vedados, como las grandes cadenas generalistas o los grandes almacenes. Tras la pérdida del espacio natural que era el quiosco, los tebeos se encontraban con el grave problema de no ser accesibles al público mayoritario. Recluidos en las librerías especializadas, apenas salían de un público aficionado devoto, pese a los intentos de estos establecimientos de atraer a compradores no habituales. Una situación que está cambiando gracias a la labor de distribuidores y editores, que han conseguido llevar los tebeos de nuevo al público. Cierto es que todavía hay mucho que hacer, ya que esta presencia sólo es cierta en grandes ciudades, pero supone un paso de gigante en la ampliación del mercado de los tebeos.
Y un último hecho para certificar este aumento de mercado: las grandes editoriales generalistas están comenzando a prestar atención al tebeo. Monstruos editoriales como Anagrama, Random House-Mondadori o Alfaguara han comenzado tímidamente a editar tebeos, incluso otrora grandes del tebeo como Ediciones B parecen interesarse de nuevo por ellos, en movimientos empresariales que evidencian el creciente atractivo del tebeo.
¡Incluso una gran cadena de librerías dedica su agenda anual al tebeo!
El tebeo está de moda, y esto, señoras y señores, no hay quien lo pare.






















Y por último, Norma Editorial nos trae el regalo definitivo para cualquier aficionado a los tebeos: la lujosísima edición de

