30 septiembre, 2007 | 13:17
No tengo iPhone, fiesta de despedida y cierre
Y se acabó. Con fiesta en el Palacio de Miramar, en el que había menos famosos de lo esperado. Con un servidor disfrutando en su mano de un iPhone por breves instantes. Y con un cuerpo reventado: el mío.
Desgranemos. Tras una emocionante gala de clausura (Wayne abrazado a Paul, tras dos días en los que han vivido el final de de una mancha de silencio de siete años y el reinicio de una historia de amor; Hana Makhmalbaf -en la foto-
, que a pesar de su obra maestra Buda explotó por vergüenza no deja de ser una chica de 18 años, emocionada con su premio del jurado…), cena de premiados y jurado, mientras el resto de los festivaleros se preparaba para la fiesta final (un poco hortera). El palacio de Miramar domina uno de los extremos de la Concha, en la loma que separa esa parte de la ciudad con lo Antiguo.
Esa mansión, con un jardín de órdago sólo superado por las vistas, que te quitan el hipo, era la antigua residencia de verano de los reyes (es decir, hasta los años treinta). Ahora ha devenido en un… bueno, para qué, seamos obvios, en un marco incomparable. Allí se han desarrollado, de forma intermitente, las fiestas de clausura del certamen. Y así ayer, nos comimos todas sus viandas, se acabé el alcohol y Gonzalo Miró triunfó entre las féminas. Desde luego, no tuvo rival. John Sayles, maestro del indie, departía primero con su equipo y posteriormente con los productores y el director de Padre nuestro. A mi lado, un grupo de amigos discutía sobre si el cuerpo de Espido Freire, la escritura presente en el festival como integrante de uno de los jurados, había sufrido alteraciones naturales o médicas últimamente, o era el vestido que le favorecía. Yo, como para muchas otras cosas, no tengo opinión al respecto, pero triunfé cuando Gloria Reuben (la chica Urgencias) se acercó a despedirse de mí: recibí miradas de sorpresa y, seguro, envidia. Su chico, Christopher Zalla, y los otros padrenuestros se quedaron allí, entremezclados –gringos ellos- entre la gran delegación mexicana. Ben Odell, uno de sus productores, me mostró las maravillas de su iPhone.
Desde entonces quiero uno. Me explico: táctil, Ben pulsaba a velocidad de vértigo con sus dedos los iconos que salían en una pantalla del tamaño de la de la PSP. Pude ver vídeos de una calidad que te desmayas, observé cómo Ben puede cargar con su oficina entera en un cacharro además ligerísimo. Jefe, quiero uno. Y felicidades a los Padre nuestro: nunca vi llevar con tanta alegría una desilusión.
En una mesa privilegiada, en la parte de atrás, Paul Auster departía con amigos, protegido por los guardaespaldas que controlaban la situación de la mesa de al lado, en la que charlaba el alcalde Odón Elorza (me perdí un momento estupendo del festival, cuando la madre de mi chica se cruzó en el camino de Auster y le pidió, y recibió, un autógrafo. Gracias de corazón, señor Paul). Yo me crucé con más políticos, como Patxi López, y a lo más granado del periodismo del cine, Jordi incluido, además de distribuidores y productores. Por cierto, el que aprovechó el asunto fue Ghobadi, ganador de dos Concha de Oro y miembro del jurado, que espera rodar un filme en EE UU y ya hizo anoche los contactos convenientes.
La noche acabó tarde, acabó bien y el festival este año ha dejado un gran sabor de boca. Hemos currado, hemos comido, hemos bebido y hemos disfrutado.
Antes de acabar, dos cosas: ayer no me expliqué bien y cuando hablaba de periodistas de verdad sólo me refería a mí mismo, no a digitales o de papel: esa diferencia no existe y yo disfruto trabajando en ambos lados. Si es que me lanzo y me lanzo, verborreico, y no se me entiende.
La segunda: los títulos de crédito. Gracias a los hosteleros de San Sebastián porque me alimentaron muy bien; a la gente del festival que me contó sus secretos; a Yolanda porque siempre me informa, ayuda y nos complementamos como pareja de fiesta; a Lorea porque aguantó mis tristezas y mis alegrías, y además aportó sus granitos de noticias; a Jordi porque me ha enseñado muchas cosas de los blogs: llevo tres años haciendo éste, y por primera vez sé meter imágenes. Espero que estos cinco días finales del Pintxo blog 2007 que hemos escrito a cuatro manos os hayan gustado. Y sobre todo, a vosotros que lo habéis leído. Espero que además lo hayáis disfrutado. El año que viene repetiremos.
Desde el aeropuerto,
Ea,
Gregorio


Qué fino sentido del humor el de este blog. Soy donostiarra, he participado en el Jurado de la Juventud, y leer algunas entradas de este blog ha sido un auténtico placer. Ha sido como una puesta en orden y en negro sobre blanco el ambiente mágico que en el eje María Cristina-Victoria Eugenia-Kursaal se ha vivido estos días. Bueno, en ese eje, en las salas de cine y en las fiestas nocturnas más selectas, a las que los jurados de la juventud no estamos invitados (con una nos tenemos que dar por satisfechos).
Espero que este Pintxo blog vuelva el año que viene. El buen cine es importante, las estrellas también, pero la labor de los periodistas y blogs como este son también importantísimos.
Un abrazo. Os leo en la 56.
Publicado por: Borja | 30/09/2007 14:55:04